Econcult: Área de Investigación en Economía de la Cultura y Turismo

¿Es la cultura motor de cambio?

PAU RAUSELL. EL PAÍS. BLOGS, 06/06/2016

El reciente informe sobre el estado de la cultura en España, publicado por la Fundación Alternativas, incluye como subtítulo; “La cultura como motor de cambio”. Frente a esta idea, se manifiestan dos tipos de crítica. En primer lugar, aquella que proviene de losesencialistas que ante cualquier análisis que trata de aproximarse al análisis de la racionalidad de las políticas culturales, tratando de ir más allá de la frases grandilocuentes, lanzan acusaciones de “aproximación neoliberal y economicista”. El segundo conjunto de críticas se pueden agrupar en los condescendientes que limitan la “importancia de la cultura” al espacio de la cosmética social, considerando que las verdaderas transformaciones se hacen a través de las políticas serias y no “subvencionando a titiriteros”

Por otra parte, los apoyos a la idea tampoco han sido muy alentadores y cierto discurso acrítico y buonista, en el mejor de los casos, y torticero en defensa de intereses muy concretos, en el peor, han convertido a las políticas culturales de los países europeos en las más ineficaces, ineficientes y probablemente en las más injustas de todas las políticas públicas. Ante esta debilidad estructural, la tormenta de la crisis financiera y los vientos de la austeridad han barrido cualquier intención de validar la cultura como “motor de cambio”.

Ya sé que me repito, pero las evidencias son tozudas y la política cultural es más necesaria y central que nunca. Cada día acumulamos más conocimiento sobre la desbordante potencia de la cultura como motor de cambio. La justificación primordial de las políticas culturales se basa en el valor intrínseco de la cultura para maximizar nuestro bienestar. Sabemos que la creatividad, el arte y la cultura nos afecta cognitiva, estética, y espiritualmente y transforma nuestra dimensión social, cívica, económica o política, influyendo en nuestro sentido de pertenencia e identidad, contribuyendo a la construcción de nuestro capital social, generando el conocimiento que nos da la libertad, conformando nuestra sensibilidad y ampliando la capacidad de obtener goce estético y ensanchando nuestras capacidades expresivas y comunicativas. Es decir, afecta a todo aquello que nos hace seres libres, gozantes y sociales, o sea, humanos

Como la cultura es, sin ninguna duda, el motor del cambio, la política cultural se debe convertir en una nueva artingeniería estratégica (permítanme el neologismo) de la transformación social, que requiere dosis muy elevadas de racionalidad instrumental, conocimiento, información de calidad e investigación rigurosas. Pero dado que hablamos de la gestión de las emociones, los sentimientos, los sentidos y los significados deben incorporar, también, inteligencia emocional, intercambio, participación, comunicación, intuición, belleza, y autenticidad.

Estamos absolutamente convencidos de que esta artingeniería de la cultura es la necesaria solución terapéutica a esta triste enfermedad de Europa.

http://blogs.elpais.com/alternativas/2016/06/es-la-cultura-motor-de-cambio.html

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